Una niña y su peor pesadilla

Anit, es una madre de 6 hijos fuera de lo común, ella no se centra sólo en las cosas básicas de ellos, si no que, va más allá pues, está pendiente de las relaciones sociales de sus hijos con los demás. Ella, siempre ha deseado enseñarles a ser tolerantes y abiertos. Su tercera hija de 9 años, aparentemente molestaba a otra niña que no era como ella. Pero se dio cuenta que algo terrible estaba pasando. En esta historia verás una lección que marcó la vida de su hija para siempre…

Mi niña un día me contó que su compañera Elizabeth, una chica de su salón, la estaba molestando.

“¿Cómo te molesta?”, pregunté, a mi niña.

“¡Me sigue a todas partes y no me deja sola!”, me dijo mi niña.

“¿Cómo así? Ella quiere ser tu amiga?”, pregunté, con duda.

Me di cuenta desde ese momento de que tenía un inconveniente delante de las narices. Estaba frente a mi peor pesadilla. Mi hija era la tercera de mis hijos. Era una chica alegre, jovial, rebosante de autoestima, la que molestaba a otra chica que no había tenido tanta suerte de ser como ella.

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Sin embargo me di cuenta que yo era como Elizabeth cuando niña. Mi padre era militar, y siempre buscaba la aprobación de otros niños y necesitaba tener amigos. No sabia si estaba furiosa o triste, más había algo de lo que estaba segura: iba a demostrar con hechos algo que llevaba defendiendo con palabras todos estos años.

Al principio traté de hablar con mi hija y llamé por teléfono a la madre de Elizabeth esa misma tarde y mis temores se confirmaron. Mi hija y sus amigas intentaban de todo para deshacerse de la molesta Elizabeth.

Estoy segura de que habrá progenitores y madres que pensarán que reaccioné exageradamente, más yo creo que tenemos que enfrentarnos a la epidemia de bullying desde raíz; para mí, el rechazo hacía Elizabeth por parte de mi niña, era el comienzo del bullying. Aunque los padres de la niña me dijeron que no había una agresión, la sola falta de interés total en alguien me parecía revivir mis experiencias de la niñez.

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Puede pasar en cualquier edad y en cualquier etapa de la vida, independientemente de la raza o la religión. Se fundamenta en nuestro propio temor al rechazo y nuestra falta de confianza. Todo el planeta intenta conseguir un buen puesto en la cadena alimentaria social. Me siento, como si hubiese experimentado un éxito con mis hijos por haber puesto esta dinámica, por encima de la mesa. Es necesario que los progenitores llamen a las cosas por su nombre, que hablen alto y claro y que arrojen luz por encima de los asuntos más feos. Tenemos que admitir, ante nuestros hijos que nosotros también lo experimentamos, aun siendo adultos. Todo el planeta merece respeto y atención. Esto lo deben saber nuestros niños y niñas, deben comprender esto que yo comprendí y ayudar en vez de rechazar, apoyar en vez de intimidar.

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